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La apertura de este blog llamado Denontzat (Para Todos), pretende ser un humilde ejemplo de lo que debería representar una vitácora accesible. Para la elaboración de Denontzat han sido necesarios veintiún pasos.

lunes, 12 de julio de 2010

Blues en Hondarribia

Este fin de semana se ha celebrado el Festival de Blues de Hondarribia (localidad donde resido) en la que se han reunido grandes estrellas de este género musical. Adjunto a mi comentario una crónica/resumen aparecida en prensa escrita el día de hoy. Además de compartir la opinión que se vierte en esta noticia, personalmente he disfrutado mucho, en especial del de Burke.
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Blues & Soul XXL
Por Juan G. Andrés - Lunes, 12 de Julio de 2010 - Actualizado a las 04:27h.

EL Hondarribia Blues Festival ha festejado este fin de semana su primer lustro de existencia con una salud y una energía envidiables. Por los distintos escenarios repartidos por el Delta del Bidasoa han pasado algunas de las mejores figuras de ese estilo musical y también un buen número de profesionales que han acudido a la European Blues Conference 2010. Ello, unido al buen tiempo y a la gratuidad de los conciertos, ha posibilitado que la localidad vibre con una cita veraniega que ya se he convertido en ineludible.
El maestro Magic Slim, el insondable hombre orquesta Philippe Menard y los guardianes de la tradición agrupados en The Cash Box Kings brillaron en la jornada del viernes, mientras que el sábado fue el día del habitual meet and greet con el galardonado de la quinta edición.
Pinetop Perkins llegó al hotel Río Bidasoa propiciando una curiosa imagen, la de un anciano de 97 veranos recién cumplidos que, postrado en su silla de ruedas, fuma compulsivamente.
Mientras el nonagenario firmaba posters a sus fans, un periodista comentaba que el músico vive enganchado a la nicotina y a las hamburguesas de McDonald"s desde que dio sus primeros pasos en el blues a finales de los años 20. Curiosa dieta para alguien que pronto se convertirá en centenario si esquiva la guadaña en las próximas tres temporadas.
Los inconmensurables Reyes del KO repitieron en la Plaza del Obispo el éxito de la actuación del viernes en la Benta, un escenario que el sábado inauguraron canónicamente The Reverendos, cuarteto afincado en Bizkaia que recupera hábilmente los sonidos del blues más vetusto.
Aunque para canónico, el show The Perfect Age of Rock and Roll, cuyos integrantes -sólo faltó a la cita el convaleciente Hubert Sumlin- suman más de 400 años al servicio del blues. En calidad de joven del grupo, el guitarrista Bob Margolin (61 años), casi hijo adoptivo de Hondarribia, fue introduciendo a los componentes de la banda. Primero al bajista Bob Stroger y al armonicista Willie Big Eyes Smith; luego a Sugar Blue, que vestía boina y una bandolera repleta de armónicas; por último, tras los sucesivos duelos y exhibiciones de virtuosismo, volvió a escena un hombre "que ha sido joven durante 97 años". Perkins había recibido el galardón y la txapela del festival antes de la función, y se reenganchó a ella en su palpitante tramo final, empeñado con sus ágiles dedos en desmentir las necrológicas que le ha dedicado alguna web despistada. El bluesman del Delta del Mississippi que más años lleva en activo parece alérgico a los obituarios y resuelto a morir con las teclas puestas.
Y si grande fue la sesión ofrecida por las all stars del blues, la lección de soul de Solomon Burke podría calificarse de XXL en todos los sentidos. Rodeado de su habitual parafernalia, el orondo cantante de Philadelphia fue trasladado discretamente hasta el trono en el que permaneció varado toda la actuación. Aunque su obesidad le impide moverse y cantar en pie, su maravillosa voz llega tan alto y tan lejos en el tiempo que resulta inevitable pensar en nombres como Otis Redding, Sam Cooke o Wilson Picket, todos ellos homenajeados en un concierto que animó una portentosa banda con sección de viento y cuerdas.

Quienes ya saben de su propuesta por sus dos visitas al Jazzaldia donostiarra ya conocían la dinámica: Burke predica las bondades del amor, lanza rosas y collares entre las espectadoras, deja que parte del público suba a bailar y cantar con él, y desgrana temas propios y ajenos. Entre los últimos destacaron los del bello disco Don"t Give Up on Me (2002), del que rescató las composiciones inéditas que le cedieron luminarias como Van Morrison (Fast Train) o Tom Waits (Diamond in Your Mind), y el ramillete de salmos obligados en cualquier recopilatorio de Lo Mejor del Soul, como A Change Is Gonna Come, Sitting on the Dock of the Bay o Stand By Me. Descansó sus cuerdas vocales dejando que las coristas cantaran I Will Survive y Proud Mary, y para el final fusionó When The Saints Go Marching In con uno de sus temas más célebres -aunque poca gente sepa que lleva su firma-: Everybody needs Somebody. Mirando con un ojo al góspel y con el otro al rhythm & blues, demostró por qué sigue portando en solitario el cetro del soul en pleno siglo XXI. Puede que su espectáculo tenga un punto de karaoke y de verbena, pero Solomon sigue siendo el rey.
Entre el público destacaban espectadores privilegiados como Sugar Blue o Bob Margolin, que no dejaba de tomar fotos de Burke con su cámara digital. Curiosamente, hacía unos minutos ellos habían sido los perseguidos por los miembros de The Reverendos que querían un retrato conjunto para la posteridad.
Un ejemplo del bonito ecosistema sobre el que descansa un festival pujante en el que la audiencia se mezcla con los artistas y éstos se relacionan entre sí. Próxima estación: el Heineken Jazzaldia.

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